
En el dinámico mundo del voleibol de playa, una joven atleta y estudiante de Ingeniería en Software en la UTN con tan sólo 20 años ha demostrado que la disciplina y la pasión pueden equilibrar dos caminos aparentemente distintos. Conversamos con ella sobre su trayectoria, sus retos y sus aspiraciones en el deporte y la academia.
¿Cómo te sientes al llegar a esta etapa de tu vida y tu carrera deportiva?
«Bastante satisfecha, debo decir. Ha sido un camino difícil porque he tenido que enfrentar muchos retos, pero me considero una persona ambiciosa y siento que todavía puedo lograr mucho más. Vamos a ver hasta dónde llega todo esto.»
Empezaste en el voleibol de sala desde pequeña. ¿Qué te motivó a hacer la transición al voleibol de playa hace tres años? ¿Qué diferencias encontraste entre ambas disciplinas?
«No hubo algo específico que me motivara, más bien quise experimentar. Jugué muchos años voleibol de sala porque mis primas lo practicaban y crecí viéndolas. Luego quise intentar algo nuevo y me encantó. Entre las principales diferencias está la cantidad de jugadores: en sala son seis, mientras que en playa sólo dos deben cubrir toda la cancha. Además, el entorno cambia, ya que en la playa influyen factores como el viento y el sol.»
Sabemos que estudias Ingeniería en Software en la UTN. ¿Cómo logras balancear tu vida académica con tu carrera deportiva? ¿Qué desafíos enfrentan al intentar compaginar ambas cosas?
«Este es el mayor reto de todos. Estudiar ingeniería y practicar un deporte que amo requiere marcar horarios, tener disciplina y, en ocasiones, establecer prioridades.»
¿Qué te inspiró a comenzar un grupo en la UTN para promover la práctica del voleibol de playa en el campus? ¿Cuáles son tus metas con este proyecto?
«Siempre intento incluir el voleibol en todos los aspectos de mi vida. Vi que había un grupo de voleibol de sala masculino y quise promover el femenino. También, al representar a la U, podría aspirar a una beca deportiva.»
El voleibol de playa es un deporte que, aunque muy popular, sigue siendo menos conocido en algunas áreas. ¿Qué crees que se necesita para fomentar más la práctica de este deporte en Costa Rica?
«Mucha más visibilidad. Los medios de comunicación, canales de televisión y redes sociales pueden ayudar a difundirlo. Es un deporte hermoso, pero aún es poco conocido en comparación con otros.»
¿Qué consejo le darías a los jóvenes que están interesados en empezar en el voleibol, ya sea de sala o de playa?
«Que lo intenten. Es un deporte desafiante, donde fallarán muchas veces, pero si realmente les gusta, deben seguir intentándolo hasta lograr su objetivo.»
¿Cómo ha influido el deporte en tu vida personal y profesional? ¿Sientes que el voleibol de playa ha aportado algo a tu formación en ingeniería?
«Directamente, no creo que se relacionen mucho, pero el voleibol me ha enseñado disciplina, algo que me ha ayudado no solo en mi carrera, sino en todas las áreas de mi vida.»
¿Cómo visualizas tu futuro en el voleibol de playa? ¿Cuáles son tus aspiraciones a corto y largo plazo dentro del deporte?
«A corto plazo, estoy participando en el campeonato nacional y mi meta es lograr un puesto alto, al menos superar mis resultados de años pasados. A largo plazo, quiero seguir jugando y, si es posible, entrar a una selección nacional.»
¿Qué papel crees que juega la educación en tu carrera deportiva? ¿Te ha ayudado tu formación académica a mejorar como atleta?
«Es fundamental. La disciplina, el respeto y la organización que he aprendido en la academia también me ayudan en el deporte. Tener un equilibrio entre ambas cosas es clave.»
El voleibol ha sido una tradición familiar que ha marcado la vida de Camila Muñoz. Su madre, tíos y primos han practicado este deporte en algún momento, y ahora su hermano entrena en el mismo equipo que ella. Desde pequeña, creció viendo a sus familiares entrenar y practicar, lo que despertó en ella una profunda pasión por el voleibol. «Es un gusto que se comparte en la familia», comenta con entusiasmo.
En cuanto a su identidad como deportista y persona, se define como una persona dedicada, apasionada y altamente competitiva. Considera que la disciplina es una de sus mayores virtudes y destaca su interés por motivar y apoyar a los demás. «Me gusta compartir esta pasión y expresarla a los demás», señala. Su personalidad espontánea y explosiva se refleja tanto en la cancha como en su vida cotidiana, demostrando que el deporte es una extensión de su esencia.
Esta historia refleja cómo la perseverancia y la pasión pueden llevar a una atleta a desafiar sus propios límites y abrir nuevas oportunidades tanto en el deporte como en su desarrollo académico. Sin duda, su determinación la llevará lejos, tanto en la arena como en el mundo de la ingeniería.
