Richard Smith: del Caribe a Europa, forjando historia en el voleibol costarricense

Con una trayectoria que abarca campeonatos nacionales, centroamericanos y experiencia como jugador en Europa, Richard Smith se ha convertido no solo en un referente del voleibol de sala costarricense, sino también en formador de nuevas generaciones. Hoy nos cuenta sobre sus inicios, su paso por el extranjero y su visión para el futuro del voleibol nacional.


¿Cómo fueron tus inicios en el voleibol? ¿Y qué te motivó a entrar en este deporte desde ligas menores?

Bueno, mis inicios fueron hace muchos años, más que todo en la casa, porque tenía dos hermanas que jugaban voleibol en ese momento: Merla Smith y Hilda Smith. Ellas jugaban en el colegio y me empezaron a meter en el ambiente del voleibol. En ese momento todavía no estaba inclinado hacia ese deporte; estaba haciendo otros como fútbol, atletismo y béisbol. No estaba tan motivado por el voleibol, pero le fui agarrando el gusto cuando entré al colegio. En básquet no me dieron pelota porque era muy pequeño, y en fútbol había mucha gente, así que entré en voleibol porque ya tenía conocimientos y porque mis hermanas tenían recorrido el colegio. Obviamente el entrenador quería que yo estuviera ahí, ya que sabía que mis hermanas eran altas, entonces pensó que yo también iba a crecer. Al inicio no era algo que me encantara, pero conforme fui aprendiendo más y jugando, me empezó a gustar de verdad.


¿Cuál ha sido el campeonato que más recuerdas o que más te marcó?

Recordar todos los campeonatos es difícil, pero tengo tal vez dos o tres que más he disfrutado. Primero, jugando segunda edición con Siquirris, que fue mi primer campeonato fuera de Juegos Nacionales. Pero el que más recuerdo son mis primeros Juegos Nacionales en Cartago en 2005, donde quedamos campeones con el equipo de Limón. Para mí era uno de los mejores equipos: cómo jugábamos, el compañerismo, todos veníamos de historias y sufrimientos similares, así que nos entendíamos muy bien. Otro campeonato importante fue mi primer campeonato en primera edición con San José, que también guardo con mucho cariño, y mi primer centroamericano con la selección. Creo que tengo uno especial por cada etapa: Juegos Nacionales, segunda, primera y selección.

Tu experiencia en Europa como jugador marcó tu carrera. ¿Qué diferencias notaste entre el voleibol europeo y el nacional?

Las diferencias son abismales, principalmente porque acá el voleibol no es profesional. En Europa los niveles son más exigentes, los jugadores suelen ser más altos y la preparación desde ligas menores es muy distinta. También el apoyo que recibe el deporte allá es mucho mayor: los gimnasios se llenan, hay mercadeo, patrocinadores, transmisiones y hasta puede llegar a superar al fútbol en popularidad. En Costa Rica competimos contra el fútbol, que es el deporte rey, y necesitamos trabajar más la parte de mercadeo y organización para atraer público y patrocinadores.


¿Qué significa para ti representar a Costa Rica en el extranjero? ¿Sentiste presión o orgullo al competir fuera del país?

Presión no sentí; más bien me sentí muy contento. Es bonito darse cuenta de lo importante que uno se vuelve cuando está afuera representando al país, especialmente siendo tico. Me topé con muchos costarricenses que, al saber que había un tico en esa liga, me empezaron a apoyar. Al inicio fue duro por estar lejos de la familia y de la cultura, pero luego conocer a gente del mismo país que te invita a comer gallo pinto o te acompaña en los partidos fue algo muy bonito. Cantar el himno nacional fuera del país es una experiencia que no se puede explicar, pero siempre es un orgullo representar a Costa Rica.


¿Quiénes han sido tus mayores influencias en el deporte, tanto dentro como fuera de la cancha?

Dentro de la cancha he tenido muchos compañeros que me han aconsejado e instruido, desde mis inicios. Fuera de la cancha, mis primeros entrenadores en Limón, Mario Fernández y Alfonso Chin, fueron clave. Pero quien realmente marcó mi vida fue Don William Corrales (q.e.p.d.), que vio algo en mí que ni yo mismo veía, me abrió las puertas de su casa y me apoyó para llegar a la selección nacional y a una liga profesional. También Juan Acuña (q.e.p.d.), que fue mi entrenador en San José y que tuvo un gran impacto en mi carrera. Ellos fueron como padres para mí, me dieron valores, apoyo y ayudaron a que mi carrera despegara.


Como jugador experimentado, ¿qué enseñanzas intentas transmitir ahora que entrenas en clubes como Antorcha?

Intento inculcar la humildad, la importancia de no rendirse y de ponerse objetivos a corto y largo plazo. Siempre les digo que la palabra «no puedo» no debe existir, porque cuando la eliminan y lo intentan, lo logran. También quiero que aprendan a amar este deporte, que lo disfruten y que trabajen fuerte para alcanzar sus metas. Al inicio fue un reto para mí como entrenador, pero ahora me siento contento de ver su progreso y cómo van entendiendo el esfuerzo que requiere.


¿Qué te inspira a seguir vinculado al voleibol y formar nuevas generaciones?

Me inspira devolver un poco de lo que el deporte me ha dado, enseñar a jóvenes y guiarlos, no solo en Antorcha, sino también en el equipo de primera con CODEA. Es un proyecto joven con muchos jugadores de Juegos Nacionales, así que me ha tocado ser esa persona que guía, corrige y comparte la experiencia. Quiero dejar un legado no solo como jugador, sino también como formador.

¿Cuál es tu visión del voleibol costarricense hoy? ¿Qué crees que le hace falta para llegar más alto?

Creo que necesita más apoyo organizacional, publicidad y patrocinadores. Hace falta profesionalizar más. Hay equipos como San José que lo intentan, pero necesitamos que todos lo hagan. También necesitamos más unión: pensar en el beneficio del voleibol para el país, no solo para intereses personales o familiares. Si trabajamos juntos, podemos subir el nivel en todas las ligas. Además, mejorar el ambiente en los partidos: evitar insultos y peleas para que el voleibol vuelva a ser atractivo para el público y patrocinadores.


Finalmente, si pudieras dejar un mensaje a los chicos que empiezan en este deporte, ¿qué les dirías?

Aprovechen todo lo que el voleibol ofrece, incluso si aquí no es profesional. Hay universidades que dan becas, así que pueden estudiar y volverse profesionales gracias al deporte. Nunca se rindan; si tienen un objetivo, luchen hasta el final. Aunque no siempre se logre, que nunca se diga que no lo intentaron. Manténganse humildes, esfuércense y recuerden que una mala actitud puede arruinarlo todo. Si trabajan con los pies sobre la tierra, pueden llegar muy lejos.

Así se despide Richard Smith, con la sencillez que solo tienen los grandes. Con la palabra “humildad” tatuada en su historia y un legado que no se mide solo en campeonatos, sino en vidas tocadas, jóvenes guiados y sueños encendidos.


Su paso por canchas nacionales e internacionales deja algo más que puntos y victorias: deja un ejemplo de que la pasión, la disciplina y la fe en uno mismo pueden romper cualquier red, cualquier bloqueo… incluso los que nos impone la vida.

Porque, al final, como diría Richard, en el voleibol —como en la vida— lo importante no es solo ganar, sino nunca dejar de intentarlo. Y esa, quizás, sea la mayor victoria.

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