
Una vida dedicada al deporte y al equilibrio entre la cancha, los estudios y la familia.
«Todo en la vida tiene que ser un balance», asegura Raquel Cordero, atleta destacada del básquetbol femenino costarricense. Su historia es un testimonio de disciplina, pasión y el deseo constante de mejorar, tanto dentro como fuera de la cancha. Desde sus primeros pasos en el deporte, Raquel ha demostrado un compromiso inquebrantable, convirtiéndose en un referente para las nuevas generaciones.
Inicios llenos de aprendizaje y esfuerzo
Desde los 7 años, Raquel comenzó a jugar baloncesto en su escuela, pero fue a los 10 cuando encontró en CODEA la oportunidad de crecer. En sus primeras competencias, su equipo enfrentó desafíos al participar en campeonatos nacionales con jugadoras más experimentadas, pero eso no detuvo su pasión. “Esos años fueron de mucho desarrollo y aprendizaje. Aunque no nos iba bien al principio, al año siguiente quedamos subcampeonas. Fue un proceso muy bonito”, recordó.
El baloncesto femenino en Costa Rica sigue creciendo, y una de sus figuras emergentes es Raquel, una atleta que ha demostrado que la disciplina y la pasión son clave en el éxito deportivo. Su historia, desde sus primeros tiros hasta su consagración en la primera división, es un ejemplo de constancia y superación que inspira a futuras generaciones.
Sus inicios no fueron fáciles. «Cuando llegué, no había suficientes jugadoras para formar un equipo de una sola edad. Éramos un grupo con edades variadas, desde los 10 hasta los 18 años, entrenábamos juntas y poco a poco se fue consolidando un equipo», relata. Sin embargo, el esfuerzo rindió frutos cuando, tras una primera experiencia en el campeonato nacional FECOA, lograron el subcampeonato un año después.
De Costa Rica a Estados Unidos: una experiencia enriquecedora
Raquel formó parte de la selección nacional U-16 y posteriormente obtuvo una beca para estudiar en Pensilvania, donde jugó en la liga AAU. «Fue una experiencia increíble. Conocí muchas personas y estilos de juego distintos. Aprendí a adaptarme a diferentes jugadores y a enfrentarme a diversas formas de juego», comenta.
Comparando el baloncesto costarricense con el estadounidense, destaca que «en Costa Rica jugamos más rápido porque la mayoría de los jugadores son más pequeñas. En EE.UU., en cambio, el juego es más pausado y táctico».
El salto a la primera división y nuevos retos
Raquel ha jugado en la primera división en tres ocasiones, lo que le ha permitido medir su nivel ante jugadoras con mayor experiencia. «La mayor diferencia que noté fue la confianza. En juvenil me sentía más segura, pero en primera división los nervios juegan un papel importante», confiesa.
El 2024 ha sido un año de grandes logros para ella, ganando medallas de plata en los Juegos Deportivos Nacionales y consagrándose campeona en la categoría U-21. «Nos preparamos con un gran enfoque mental y físico. Trabajamos como equipo para fortalecer nuestra mentalidad y eso nos ayudó a alcanzar los resultados que obtuvimos», señala.
El equilibrio entre estudios, deporte y vida personal
Compaginar el baloncesto con los estudios y el trabajo ha sido un reto, pero Raquel ha sabido priorizar. «Siempre fui de las que quería participar en todo, pero tuve que decidir. El baloncesto era lo que más me gustaba y me enfoqué en ello sin descuidar mis estudios, que siempre fueron una prioridad», explica. Destaca, además, la importancia de su red de apoyo: «Mis padres han sido fundamentales, siempre han estado ahí para ayudarme».
El futuro del baloncesto femenino en Costa Rica
Raquel considera que aún hay desafíos para el baloncesto femenino en el país. «Hace falta más apoyo desde las escuelas y colegios. Muchas veces no hay equipos femeninos y eso limita la visibilidad del deporte. Tener esos espacios es fundamental para que más niñas puedan interesarse y desarrollarse en el baloncesto», concluye.
Con una carrera en ascenso y una determinación inquebrantable, Raquel es un ejemplo de esfuerzo y dedicación, demostrando que con disciplina y pasión, los sueños pueden alcanzarse.
